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Au Revoir Taipei

Au Revoir Taipei
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Ficha de la película

  • Título Original:Yiya taibei
  • Año:2010
  • Género: Romance
  • Director: Arvin Chen
  • Reparto: Jack Yao, Amber Kuo

Sinopsis

Entre el amor a contrarreloj de Antes del amanecer de Richard Linklater y el colorismo pop de Jacques Demy, es imposible no caer rendido ante la puesta de largo del norteamericano de origen asiático Arvin Chen, el clásico chico-encuentra-chica salpicado de escenas de comedia de enredo que incluyen los mercados nocturnos de la ciudad, los karaokes, un matón, una banda de gángsteres y un secuestro. Todo en una noche, la última en la capital de Taiwán del protagonista, a tan solo unas horas de coger un avión a París para ir en busca de su novia sin saber que durante ese tiempo va a volver a enamorarse. Mariposas en el estómago para un filme que también es un homenaje a Taipei. De hecho, el título en su idioma original significa ‘una página de Taipei’, que al ser pronunciado suena idéntico a ‘una noche en Taipei’. Más claro, imposible: All is full of love.

Crítica

De la película de Arvin Chen sales con una sonrisa en los labios. Es cierto. Sí, una película simpatiquísima que sorprende encontrarse en un festival y mucho más en la Sección Oficial a concurso. Ya saben que los festivales de cine suelen programar dramas graves con ceño fruncido. Hasta un festival tan lúdico como Sitges, tuvo su época en la que quiso distanciarse del aspecto más distendido y relajado que suele llevar consigo el terror y la ciencia ficción. Pronostiqué un futurible premio del público en el hipotético caso que no se hubiese proyectado anime. Pero me quedé corto ya que se llevó el Durián de Oro del festival. Menos mal. A los jurados de festivales también les gusta reír.

Por otra parte, Taiwán suele tener fama en el mercado oriental de realizar un cine de autor y fundamentalmente intimista. Los nombres y largometrajes que suelen salir de la isla lo secundan: el archiconocido Ang Lee, Tsai Ming Liang, Edward Yang, Hou Hsiao Hsien, etcétera. Pues segunda creencia contradicha. Porque poco o nada guarda relación con las voces autorales. Quizás algo con el camaleónico Ang Lee en su adaptación a los patrones norteamericanos.

En todo caso, lo que ha seducido a público y jurado es un dulce bajo la piel de comedia romántica de rasgos amables y con una clara evocación neoyorkina. Resuenan en ella los ecos de Woody Allen, y Taipei es filmada con el mismo aire evocador que Allen hiciese en los años setenta y ochenta con Manhattan, a través de su película homónima o Annie Hall (1977). También hay en la inclaustración de una sola noche ecos del ¡Jo que noche! (After hours, 1985) de Martin Scorsese. No es casual que se utilice un score de forma continuada a ritmo de jazz juguetón y de swing engatusador, que tampoco escapa del estilo de Allen, para puntear los enredos cómicos, las carreras y las persecuciones. De hecho, ese factor juguetón impreso por la música delinea los tonos encantadores de un film que seduce en su recombinación de clichés románticos. Aquí volvemos al personaje masculino protagonista, típicamente despistado, un tanto timorato e inocentón, junto con la chica que actúa en la retaguardia, con discreción pero con determinación. Y por supuesto, no pueden faltar los personajes secundarios que aportan grandes dosis de comicidad disparatada, obteniendo un puesto de honor Gao, el amigo del protagonista, de reflejos lentos. Con solo que Arvin Chen nos coloque su cara de pasmado en primer plano (la breve secuencia de él conduciendo el ciclomotor), es inevitable no esbozar una sonrisa.

Como Adventureland, aunque en este caso los referentes son más dignos, sabe extraer lo mejor de una década cinematográfica Au revoir Taipeinorteamericana (los ochenta), y mediante la nostalgia, el espectador se situará cómodamente mediante el fácil reconocimiento. Es su gran virtud. Utilizar los tópicos prefijados a su favor, demostrando ingenio para delinear situaciones cómicas que funcionan sin que exista ni una brizna de planteamiento narrativo inusual. En territorios descreídos, escépticos y resabiados, es todo un soplo de aire fresco el candor y la inocencia con la que son tratados personajes, ambientes y situaciones.

Esta pequeña gema, que esperemos que encuentre estreno porque potencial comercial posee, por encima de sus pliegues visibles y humildes, es sobre todo una película con vocación musical. Como Lola (1961) de Jacques Demy, es un film plenamente rítmico y melódico sin que en apariencia lo parezca. Hablábamos de la importancia de la música extradiegética para pautar la cadencia humorística. Pero no es solo un mero acompañamiento (excelentemente utilizado), sino que el tempo, el tono ingenuo, los personajes y sus movimientos responden a una permanente coreografía que, como es inevitable, culmina mediante un baile en una librería. No es que finalice con un número musical. Es que todo el film lo es, permitiendo a todo aquel reacio al género que le hayan dado gato por liebre, y además, que lo agradezca.

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