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Bajo la dinastía Qing, Liu Jin-xi, fabricante de papel, lleva una vida apacible en un pueblo remoto con su mujer Ayu y sus dos hijos. Pero la llegada de un detective cambiará sus vidas...
El rayo que no cesa
No es ningún remake sobre el espadachín manco, como he leído por ahí. Es una película totalmente nueva, mejorada y con pretensiones muy diferentes a las típicas películas de kung-fu. Aquí introducen la figura de un investigador forense que llega a un poblado para esclarecer las causas de muerte de dos criminales a manos de Liu jin-xi (Donnie Yen), a simple vista un risueño hombre de aldea, currante, hogareño y misterioso. Pero lo que desencadena ese inoportuno acontecimiento es la revelación de la vida pasada del protagonista, una vida llena de pecados, atrocidades; una vida de la que decidió huir y refugiarse en el anonimato para poder redimirse, pero parece terminarse, porque será descubierto por el clan al que traicionó.
Merece especial atención la figura que encarna kaneshiro, forense y a la vez defensor de la ley, tan inquebrantable que se toma todos los casos como algo personal. Pretende de todos los modos encontrar explicación a los actos humanos, aunque su visión de la humanidad sea la del ser carente de capacidad de redención, cuya bondad y maldad vienen determinadas por la psicología. A parte, él mismo regula ciertos puntos de energía de su cuerpo para desinhibir sentimientos como la empatía, y además controlar su cuerpo y suprimir los defectos. Así nos expone la idea de que toda acción enjuiciadora por más objetiva que pretenda ser, nunca será justa, porque la decisión emana de algo intrínseco. Al cruzarse con Liu jin-xi debe tomar ciertas decisiones que comprometen su método, porque más que la empatía, lo que aflora en su interior es la admiración, y se le hace difícil condenar a un hombre a quien admira, aunque sabe que es culpable, entonces
¿Cómo debe actuar? Este dilema moral persigue al personaje de kaneshiro en gran parte de la película. Y si hubiera alguien que no se conforma con eso, el director nos regala tres escenas de lucha, al más clásico estilo contemporáneo de kung-fu, dinámico y noqueador. Como lo es el final.
Otros dos puntos fuertes son la Fotografía y la banda sonora. Las localizaciones y colores de los paisajes son inmejorables, te enamoran. Las panorámicas con la dulce música, a veces impactante, hacen que te lleguen a emocionar, por la simpleza de la imagen, y la paz que trasmite. Por todo esto la califico con un 8, porque tampoco es perfecta pero poco le falta. Y no comprendo cómo este tipo de películas no se distribuyen en occidente, y otras de calidad inferior sí. Disfruten porque estoy seguro que le seguirán varias secuelas.